Cuento corto y desagradable
En un momento de brillante y cegadora lucidez, en medio de esa negra angustia y desesperación, agarró con fuerza el cuchillo jamonero y se lo clavó en la garganta.
Esta sería la última paliza que le propinaba su marido, de hecho sería lo último que haría ese cerdo.
Practicamente vomitó un "TE JODAN" y se secó las lágrmas.
Siguieron unos minutos de desorientacón y torvellinos de sentimentos que fluían siempre hacia la soledad y desamparo. Pero al lavarse las manos en el baño del apartamento que había compartido con ese cabrón los últimos 5 años, comenzó una catarsis liberadora que concluyó con histéricas carcajadas.
Decidió bajar a la plaza e ir a la peluquería, ponerse bien guapa y subir el primer esclón de una nueva vida.
Una nueva vida que continuaría haciedole putadas y pasar terribles amarguras a la muy desdichada.
Esta sería la última paliza que le propinaba su marido, de hecho sería lo último que haría ese cerdo.
Practicamente vomitó un "TE JODAN" y se secó las lágrmas.
Siguieron unos minutos de desorientacón y torvellinos de sentimentos que fluían siempre hacia la soledad y desamparo. Pero al lavarse las manos en el baño del apartamento que había compartido con ese cabrón los últimos 5 años, comenzó una catarsis liberadora que concluyó con histéricas carcajadas.
Decidió bajar a la plaza e ir a la peluquería, ponerse bien guapa y subir el primer esclón de una nueva vida.
Una nueva vida que continuaría haciedole putadas y pasar terribles amarguras a la muy desdichada.
